SpaceX: El cohete que casi explota tres veces — y por qué ahora puedes ser dueño de una parte
May 22, 2026
Hay una escena que Elon Musk ha descrito como la más difícil de su vida.
Es agosto de 2008. Tres cohetes han explotado consecutivamente. El dinero que sacó de vender PayPal — más de cien millones de dólares — prácticamente se ha evaporado. Tesla está al borde de la quiebra. SpaceX también. Y en medio de la peor crisis financiera global desde la Gran Depresión, Musk tiene que pararse frente a sus ingenieros y decirles una cosa muy sencilla: tenemos dinero para un intento más. Solo uno.
Ese momento es el origen de todo lo que viene después.
El hombre que vendió PayPal para comprar cohetes
La historia de SpaceX empieza en un lugar poco probable: un libro de texto de física aeroespacial que Musk compró en una librería de segunda mano y se leyó de principio a fin.
Corría el año 2001. Musk tenía 30 años, acababa de vender PayPal por 1.500 millones de dólares y su plan original era donar un cohete a la NASA para una misión a Marte que capturara la atención del público. Viajó a Rusia a comprar misiles balísticos intercontinentales reconvertidos. Los rusos le mandaron a freír espárragos — literalmente, en una reunión en Moscú, un ingeniero le escupió en la cara.
En el vuelo de regreso a casa, Musk sacó una hoja de papel y calculó que podía construir un cohete más barato de lo que le habían pedido por comprar uno usado. Fundó SpaceX en 2002 con 100 millones de dólares de su bolsillo. La gente en la industria aeroespacial pensó que era una broma.
Tres explosiones. Una última oportunidad.
Entre 2006 y 2008, SpaceX lanzó su primer cohete, el Falcon 1, tres veces. Las tres terminaron en fracaso.
El primero explotó a los 33 segundos del despegue, en marzo de 2006.
El segundo llegó más lejos pero nunca alcanzó órbita, en marzo de 2007.
El tercero — y este es el que más duele — falló por una razón casi ridícula: la primera etapa, que funcionó perfectamente, no se separó a tiempo de la segunda. Los dos pedazos chocaron entre sí y el cohete cayó al océano Pacífico, en agosto de 2008.
A bordo de ese tercer vuelo viajaban tres pequeños satélites, entre ellos uno de la NASA. También iban, en forma simbólica, las cenizas del actor James Doohan — el "Scotty" de Star Trek — que su familia había pagado para enviar al espacio. Todo se perdió.
SpaceX tenía dinero para un cuarto intento. Nada más.
Lo que ocurrió después es historia.
El 28 de septiembre de 2008, el Falcon 1 despegó por cuarta vez desde una pequeña isla en el Pacífico llamada Omelek y alcanzó la órbita terrestre. Era la primera vez en la historia que un cohete privado de combustible líquido lo lograba. El equipo de SpaceX, que llevaba meses sin dormir, explotó en llanto.
Noventa días después, el 23 de diciembre de 2008 — prácticamente en Navidad — la NASA firmó un contrato de 1.600 millones de dólares con SpaceX para llevar carga a la Estación Espacial Internacional. SpaceX sobrevivió por cuestión de días.
El truco que la industria aeroespacial juró que era imposible
Durante décadas, los cohetes funcionaban como los automóviles de antes de Henry Ford: los fabricabas, los usabas una vez, y los tirabas al mar. Un lanzamiento podía costar entre 150 y 200 millones de dólares. Solo los gobiernos se lo podían permitir.
SpaceX tenía una teoría diferente: ¿y si los cohetes aterrizaban solos y los volvías a usar?
Los expertos de la industria dijeron que era físicamente inviable. Que los números no cuadraban. Que era ciencia ficción.
En diciembre de 2015, un Falcon 9 despegó desde Cabo Cañaveral, puso sus satélites en órbita, y su primera etapa — una pieza de metal de 50 metros de altura que pesaba toneladas — volvió sola, encendió sus motores en la dirección contraria y aterrizó suavemente en tierra firme, en posición vertical, con una precisión quirúrgica.
El video de ese momento se viralizó en horas. Los ingenieros de SpaceX lloraron. Otra vez.
Hoy, esa misma tecnología es rutina. En abril de 2026, SpaceX completó su recuperación número 600 de una primera etapa de cohete Falcon. Lo que en 2015 era un hito histórico, en 2026 es un martes cualquiera. Los mismos propulsores realizan vuelos repetidos — uno de ellos llegó a su misión número 31 —, algo que hace una década parecía imposible.
Starlink: el cohete que se convirtió en empresa de internet
Aquí viene el giro que nadie vio venir.
La razón por la que SpaceX construía tantos cohetes no era solo para vender lanzamientos. Era para desplegar su propia constelación de satélites de internet: Starlink. La idea era conectar a internet a las partes del mundo donde no llegan los cables de fibra óptica — zonas rurales, barcos, aviones, ejércitos, y cualquier lugar remoto del planeta.
Para lograrlo, SpaceX necesitaba lanzar miles de satélites. Lo que antes hubiera costado fortunas, ahora lo podía hacer con sus propios cohetes reutilizables, a una fracción del precio. Era un negocio que se retroalimentaba solo.
El resultado es difícil de describir sin los números del S-1 que SpaceX publicó hace apenas dos días.
Starlink pasó de 2.3 millones de suscriptores a finales de 2023, a 4.6 millones en 2024, y volvió a doblar hasta 9.2 millones al cierre de 2025. Para febrero de 2026, ya había cruzado los 10 millones de usuarios activos en 160 países.
Solo en 2025, Starlink generó 7.200 millones de dólares en EBITDA ajustado, con un margen de hasta el 63% — los números de un negocio de software dentro de una empresa de cohetes.
Para poner eso en perspectiva: Starlink generó más dinero en un año que el PIB de varios países de América Latina.
Y ahora, el IPO más grande de la historia
El 20 de mayo de 2026 — hace apenas dos días — SpaceX presentó formalmente su S-1 ante la Comisión de Valores de Estados Unidos (SEC). Es el documento que precede a una salida a bolsa.
SpaceX planea listar sus acciones en el Nasdaq bajo el ticker SPCX, con Goldman Sachs, Morgan Stanley y Bank of America liderando la oferta. La compañía busca recaudar hasta 75.000 millones de dólares a una valoración de aproximadamente 1.75 billones de dólares — lo que lo convertiría en el IPO más grande de la historia.
Si la oferta se completa a esa valoración, SpaceX se listaría como una de las diez empresas más valiosas del mundo, detrás solo de Nvidia, Apple, Alphabet, Microsoft y Amazon.
Y aquí es donde esto se pone interesante para ti como inversionista.
Porque SpaceX no es solo una historia de cohetes. Es tres negocios dentro de uno. Hay un negocio de lanzamientos que es rentable y casi no tiene competencia real. Hay un negocio de internet satelital que crece a velocidad de startup tecnológica. Y hay un segmento de inteligencia artificial — el que heredó cuando absorbió xAI y X en 2026 — que hoy pierde mucho dinero pero que apuesta a ser la columna vertebral de la computación en órbita.
El problema — y siempre hay un problema en estos IPOs gigantes — es que los tres negocios son completamente distintos en riesgo y potencial. Y Elon Musk tendrá más del 79% de los votos cuando salga a bolsa. Lo que significa que si compras SPCX, le estás prestando dinero a alguien que no puede ser destituido.
¿Vale la pena invertir en SPCX?
Esa es exactamente la pregunta que vamos a responder este lunes en el webinar de Insights WM.
Vamos a revisar los números reales del S-1. Vamos a comparar la valoración con lo que el mercado paga por empresas similares. Vamos a hablar de los riesgos concretos — no los genéricos — y de qué tiene que salir bien para que esto tenga sentido como inversión.
Porque una cosa es que la historia de SpaceX sea extraordinaria. Otra muy distinta es que las acciones a 1.75 billones de dólares sean una buena compra.
Ese análisis lo hacemos juntos.
📅 Lunes 25 de mayo — ¿Invertir o No Invertir? Decidelo con Insights.
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Escucha aquí nuestro podcast sobre SpaceX.
Este contenido es de carácter educativo. No constituye asesoría de inversión.